miércoles, 27 de mayo de 2015

DESDE MI VENTANA, 37




DESPUES DE LAS ELECCIONES



Tengo la impresión de haber llegado al cabo de la calle en estas elecciones; es decir, a la plaza de la que saldremos juntos a otra o volverá cada uno a su casa desandando el camino.

DESPUES DE LAS ELECCIONES


LA PLAZA





Tengo la impresión de haber llegado al cabo de la calle en estas elecciones; es decir, a la plaza. La plaza es una metáfora de la situación política y algo más, es la imagen de un hombre abierto en un mundo abierto. Aunque a veces coincide la plaza con la del mercado o la iglesia, me refiero aquí solo a la plaza del pueblo: un espacio abierto al público en general, que nadie ocupa en su totalidad y del que a nadie se desplaza. Lo contrario de la plaza es la pirámide que no se mueve, que acaba en punta por el centro y éste domina sobre toda la base.



La plaza no es un lugar para quedarnos sino una situación de la que hay que salir para entrar en otra: es la plaza que nos emplaza ante el futuro y nos compromete en el camino que se hace al andar. No es el río que nos lleva y cuyo curso está trazado de antemano fatalmente, sino la historia en que nos va la vida y que aún podemos hacer como ciudadanos libres y responsables. Es también ciertamente la circunstancia que limita las posibilidades humanas y reduce nuestra la libertad de elección, porque no todo es posible en cualquier momento y lugar; pero la plaza no es un corral, ni el cabo de la calle - o de todas las calles por donde discurren las historias particulares- es el fin de la historia necesariamente. Al contrario, en un mundo mundial - donde terminan las historias particulares- puede ser la plaza el principio de una historia universal que afecte a todos los humanos. Incluso puede ser, debería ser, el principio de una historia universal de todos y para todos, una historia humana de calidad. Que es lo que será, siempre y cuando en la plaza del mercado donde todos gritan y acaparan no se desplace a la competencia; y si el libre mercado donde todo se vende y se negocia, esa plaza, no sustituya o desplace a la del pueblo y la democracia . Porque ese es el reto hoy, aquí mismo, y en el mundo entero: que en la aldea global donde habitamos no falte el ágora y los ciudadanos.



Bien sé y lo reconozco que en realidad de verdad esa plaza donde todos caben está en las nubes, como el agua de lluvia, y sobre la tierra el barro. Bien sé que el ágora y el mercado se mezclan como el trigo y la paja en la era, donde se recogen las espigas esparcidas por los montes, se trilla la parva, se aventa, se criba y se recoge el grano para hacer el pan. Pero las ideas son para eso, no para comerlas sino para saber hacer buen pan. Las ideas son la máxima y trabajan siempre a largo plazo en la conciencia. Como la moral, que es muy señora, no se produce ni se compra ni es por tanto un recurso económico. Cuando los políticos apelan a la moral y la demandan, porque truena, se acuerdan de Santa Bárbara; pero la moral no está en venta y no hay dios que escuche a los gobernantes excepto algunos pocos despistados que no se enteran mientras ellos se pasan de listos y piensan que con eso ya escampará.



No obstante en cualquier situación, para salir, hay que dar el primer paso con un pie en el suelo y otro en el cielo: no sin olfato, pero con vista. Atentos a lo inmediato, claro, pero no oliendo solo el hueso o el rastro como los perros sino con los dos ojos abiertos y sin perder el Norte que nos guía. Los ideales son para eso, para caminar, aunque solo pensando no se hace el camino. Pero si se camina sin pensar no se va: nos llevan, y para eso es mejor no moverse. O  se va a la plaza para bailar, que esa es otra: celebrar los hechos sin hacer nada, hasta que tengamos que elegir a otros representantes del mercado político en las mismas urnas.



La política es el arte de lo posible y , en tal sentido, una técnica. Nunca una artimaña. Un buen político no es necesariamente un político bueno, ni a la inversa. Si es una buena persona, tanto mejor, pero si solo es eso tampoco sirve. Claro que en las actuales circunstancias la honestidad manifiesta se supone, se exige y está bajo sospecha. Eso espero. No obstante, dejando la moral y las ideas a largo plazo, se requiere a corto y a medio la aproximación de lo mejor a lo menos malo, de la comunidad ideal consolidada -anticipada- a la comunicación permanente bajo unas leyes viables aunque imperfectas que la hagan posible: un orden jurídico que pueda ser aceptado incluso por los pobres diablos que todavía somos. Y aquí, entre nosotros, una constitución, revisada o sustituida por otra revisable. Pero salvando en lo posible -en el camino- la fe en la democracia y las reglas que la sustentan. Ha llegado la hora de pactar y consensuar todo lo que podamos y de “negociar”... lo menos posible.



José Bada

25-5- 2015































miércoles, 20 de mayo de 2015

martes, 19 de mayo de 2015

REFLEXIÓN PREVIA



¿Mi voto en un pozo?



Como todos los viejos camino más despacio, me inclino hacia la tierra de donde vengo, cuido los amigos que me quedan y conservo mis recuerdos que también se pierden. Presumo -es decir, opino- que los niños de la Guerra, la generación que la padeció y no la hizo, hizo en España la Transición en buena parte y antes la reconciliación entre vecinos. Estoy convencido de que aquella amarga experiencia fue una vacuna contra todas las guerras. Heredamos las consecuencias de una guerra con sus desastres: el desamparo, el hambre, la miseria, los piojos... y aprendimos lo que vale un peine y lo bueno que sabe un higo con una almendra o un puñado de olivas con un corrusco al salir de la escuela. Las niñas jugaban a las tabas: passa tu, passa tu tamè, que si no passes te degollaré, cantaban mientras hacían pasar la taba con la mano derecha por debajo del arco que formaban con el índice y el pulgar de la izquierda. Y los niños jugábamos primero a la guerra con cañas y luego dejamos las espadas de juguete y nos fuimos juntos a pescar con cañas de verdad. Recuerdo que cultivé con otro compañero el mismo rosal en el patio de la misma escuela. Y cuando regresó del exilio – lo llevaron a Francia después que su padre huyera con su familia antes de entrar los fascistas- aprendimos ambos del mismo maestro. Y aunque era falangista, el maestro, los dos terminamos siendo socialistas clandestinos primero y después como ciudadanos libres. Si estuviera empadronado en mi pueblo hoy seguramente lo tendría más claro al ir a votar.



En mi pueblo se habla catalán y allí dicen “cadellet” a lo que en aragonés “cadillo” y en castellano “cachorro”. Vivía con nosotros de pupilo un hermano de mi madre que era viudo. Mi tío nos contaba una anécdota que siempre los hermanos hemos recordado. Cuando una perra paría más de la cuenta, se deshacían los dueños de los cadillos no deseados. Los metían en un saco y los echaban a un pozo. Hoy esto parece una crueldad. Aunque nada tiene que ver con el infaticidio practicado antiguamente por los atenienses, resulta incomprensible para quienes defienden hoy incluso el derecho a la vida de las mascotas. Pero era normal cuando mi tío era un niño. Fue entonces -contaba- cuando él y su cuadrilla recibieron el encargo de deshacerse de un “cadellet”. Lo cogieron en brazos, se lo llevaron a un huerto y rodeando los seis un mismo pozo se lo pasaron de uno al otro sin que ninguno se atreviera a echarlo salvo el último que sí lo hizo.



Para San Isidro aproximadamente llegan las cerezas puntualmente. Y yo me llevo al huerto a los amigos. Este año coincide la rutina de la naturaleza, que vuelve, con las elecciones convocadas que nos comprometen. Somos un grupo que participamos activamente en la Transición, casi todos jubilados. Compartimos muchos recuerdos y bastantes ilusiones que ya no madurarán. Vivimos en un mundo nuevo y en una situación sumamente compleja. Supongo que todos iremos a votar, el problema es para cada uno de nosotros saber  qué debe hacer en conciencia. Los partidos han envejecido con nosotros y algunos jóvenes más que nosotros. Cuando nos tocó hacer lo que hicimos,nos sentimos motivados como jóvenes emprendedores. No necesitábamos códigos éticos, sabíamos y queríamos hacer lo que debíamos hacer en general: nada de utilizar la moral como recurso, como instrumento al alcance de la mano, nada de acordarse de Santa Bárbara porque truena y cuando truena. La moral es muy señora y un fin en sí misma. En los primeros gobiernos democráticos teníamos la moral alta -quiero decir la fuerza moral, el ánimo, el coraje- y los principios claros y limpios: sin estrenar en ese campo. Pero lo que teníamos que hacer eran leyes buenas -políticamente buenas, no solo justas sino viables- y para eso nos faltaba experiencia. Aún así me atrevería a decir que la transición a la democracia fue un éxito de los demócratas, que los había, y no solo de unos pocos líderes sino de muchos ciudadanos bregados en las bases. Aquello fue una demanda exigida y otorgada porque no había otro remedio: el éxodo de un pueblo que quería libertad. Pero lo que sucedió después, más pronto que tarde, fue que los partidistas ocuparon los partidos y echaron de las instituciones a los demócratas de buena voluntad.



Hay que reconocer que la situación local es hoy muy distinta y una variante de la situación mundial. No hay fronteras impermeables, problemas aislados, poderes absolutos, ni soluciones simples. La política se ha convertido en un problema muy serio en el que o se rompe la baraja y eso es el fin, o se salvan las reglas y eso solo es el principio. La democracia se salva con más democracia. Por eso iré a votar y no seré yo quien eche mi voto en un pozo. Os lo aseguró. Pero tampoco el único a quien no le tiemble el pulso si hay que echar a los corruptos. No se trata de animales políticos ni de perros, sino de servidores fieles. Y hay que elegir a los mejores, a los honestos. No a los supervivientes. Que de cadetes o cadillos están llenas las instituciones.







José Bada

15-5-2015




































































































miércoles, 13 de mayo de 2015

DESDE MI VENTANA,35


Progresistas



Todos los políticos quieren cambiar el mundo, naturalmente a mejor. En este sentido todos son progresistas. 

lunes, 11 de mayo de 2015

CON BUENOS OJOS



Recién operado de cataratas y sentado delante del ordenador, ofrezco en verso otras peNsadillas:


1


El saber como el sabor

que a nada sabe sin pruebas,

es lo mismo que el amor

que sabe a gloria con ellas.


jueves, 7 de mayo de 2015

DESDE, MI VENTANA,34




EL SUEÑO MAS PROFUNDO



Los sueños de la noche son los que tenemos cuando estamos dormidos. Y los del día los que no nos dejan dormir.

sábado, 2 de mayo de 2015

DESDE MI VENTANA, 32


EN EL DÍA DE ARAGÓN



Nuestro patrón es San Jorje, el de la lanza contra el dragón. La versión masculina de la Virgen la del Pilar, firme como una estaca clavada sobre las aguas del Ebro.